La diferencia fue mayor en los departamentos donde está asentada la producción agroalimentaria cordobesa que, junto con la de Santa Fe y norte de la provincia de Buenos Aires, constituye el sector más competitivo y de mayor nivel de productividad de la economía argentina.
En Río Cuarto - eje agroindustrial de Córdoba - de la Sota obtuvo 55.07% de los votos; en San Justo - cabeza de la principal cuenca lechera del país - 51.47%; y en Marcos Juárez - núcleo de la "Pampa Gringa"- 65%.
El vigor político del campo en Córdoba reprodujo lo ocurrido en Santa Fe, sobre todo en el sur , donde Miguel del Sel se impuso con porcentajes que giraron entre 42%/46% en Venado Tuerto, Sunchales y Rafaela, corazón de la cuenca sojera y de la industria de maquinaria agrícola. El nivel de vida del sur de Córdoba y de Santa Fe es similar o quizás superior al de la ciudad de Buenos Aires (US$ 33.000 per cápita anuales); y es allí donde de la Sota y del Sel prevalecieron abrumadoramente.
El empuje político del campo no está vinculado a una situación de crisis, ni tampoco a reclamos de orden sectorial.
El campo argentino es extraordinariamente potente y traduce ahora su fuerza productiva y tecnológica en pujanza política. La cosecha de granos 2010/2011 (94/95 millones de toneladas) vale, colocada en el mercado mundial, US$ 40.800 millones, precios FOB (IARAF). El resultado es que el superávit comercial de este año es del orden de US$ 12.000 millones. Es lo que sucede desde 2002/2003, en que el superávit comercial adquirió un carácter estructural y acumulativo, con picos de US$ 20.000 millones (2008).
Por eso es que, gracias al campo, la Argentina logró superar en los últimos diez años su crisis crónica del sector externo , en que la falta de exportaciones suficientes generaba carencia de divisas y no se podía financiar así un alto nivel de importaciones, capaz de sustentar una tasa elevada y sostenida de crecimiento económico. Ahora, al converger la producción agroalimentaria con la demanda china/asiática, se ha logrado cerrar la crisis del sector externo, que es la fuente estructural de la ingobernabilidad argentina . Esto es lo que ha terminado. Ahora hay agudos desequilibrios macroeconómicos - alta inflación, baja inversión, salida de capitales, caída del superávit fiscal -, pero no crisis a la vista.
Incluso el superávit comercial agroalimentario le permite financiar la más extraordinaria fuga de capitales desde la década del 70 . A partir de julio de 2007 - BCRA - se han fugado US$ 65.000 millones, pero los dólares provenientes de las exportaciones agroalimentarias ascendieron en ese período a US$ 98.000 millones.
Por eso el país está fortalecido; ha desaparecido la crisis fiscal - primer subproducto de la crisis del sector externo -, con retenciones que treparon este año a US$ 8.500 millones (2.500 millones de Córdoba; y 3.300 millones de Santa Fe). También el campo se muestra excepcionalmente robustecido. AACREA/Mesa de Enlace estiman que los productores han invertido en la cosecha granaria, ciclo ganadero y producción láctea 2010/2011 US$ 44.000 millones.
El dato central de Argentina 2011 es que su sector más competitivo y que le da relevancia internacional - la producción agroindustrial - se ha convertido en un actor político decisivo , en el momento en que el país fija su destino por los próximos 10/20 años.
Fuente: Clarín - Jorge Castro