Herramienta potente

El auge de los fideicomisos agrícolas

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El boom de la campaña 2003/2004 fue el incentivo para que algunos profesionales urbanos pusieran sus ojos en el campo, y el fenómeno coincidió con la consolidación de la herramienta que aportó la seguridad jurídica que necesitaban: los fideicomisos.

Por la desconfianza que trajo el corralito bancario y por la contracción de la tasa de interés de los plazos fijos, en los últimos tres años muchos inversores ajenos al sector decidieron volcarse a la economía real y apostar sus ahorros a la producción agrícola como una opción rentable y de reintegro rápido. El boom de los precios de la campaña 2003/2004 fue el incentivo para que algunos profesionales urbanos pusieran sus ojos en el campo, y el fenómeno coincidió con la consolidación de la herramienta que aportó la seguridad jurídica que necesitaban: los fideicomisos.

Con esta modalidad, hoy ya funcionan numerosos emprendimientos que reportan rentabilidades del 10 al 35% anual en dólares, y se siguen anunciando nuevos proyectos. En la actual campaña se invirtió en el campo una cifra cercana a los US$ 6000 millones contando los alquileres y costos de producción. De esa suma, unos US$ 4400 millones fueron aportados por arrendatarios, de los cuales US$ 500 millones son de ahorristas denominados pequeños, aquellos que van desde los 10.000 hasta los 100.000 dólares.

Cazenave y asociados, una empresa de servicios que en la década de los 90 constituyó el primer fondo de inversión directa que cotizó en Bolsa, hoy tiene dos fideicomisos de oferta pública. Son el FAID 2007, con una inversión de US$ 10,1 millones para sembrar un total de 41.000 hectáreas, y el Fideiagro 2009, de US$ 4 millones y 13.000 hectáreas. "Estamos en la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, y noreste de la Pampa, y sembramos los cultivos tradicionales: soja, maíz, trigo y girasol", apunta Eduardo Serantes, director de la firma. Los montos de inversión van desde los US$ 10.000 hasta los 3 millones, con un promedio de US$ 100.000, y los títulos tienen una renta fija anual en dólares del 10 por ciento. Al final del quinto año, el inversor se lleva el resultado del negocio que excedió ese 10 por ciento.

Según Serantes, el riesgo está acotado: "Tenemos un seguro climático que preserva el capital si viene una sequía u otro fenómeno; por ejemplo si se pierde el 30% de lo invertido, el seguro cubre esa parte". Para el empresario, la ventaja que tiene el inversor es que teniendo en cuenta que el sector agropecuario es uno de los más eficientes del país, la posibilidad de entrar en un fideicomiso con más de 100 campos con diversificación de regiones y cultivos, acota el riesgo y genera una rentabilidad muy buena comparada con otras inversiones.

La empresa también es fiduciaria de un fideicomiso ordinario para la producción de berries (arándanos) en Tucumán, sólo para inversores privados. En este caso los inversores son profesionales de diferentes ramas que aportan de 10.000 a 30.000 dólares con tasas de rentabilidad que van del 25 a 35% anual. Es una inversión inicial de US$ 950.000 que se está ampliando a otro monto similar con una producción que se exporta a EE.UU., principal mercado de arándanos frescos. "Las condiciones ecológicas de Tucumán son ideales para la producción de esta fruta fina, y cuando nieva en EE.UU., es el mejor momento para la exportación, así aprovechamos la contraestación para proveer al hemisferio norte", concluye.

Otro importante jugador en este negocio es el grupo Los Grobo. Su vicepresidente, Gustavo Grobocopatel, señala que la ventaja de esta herramienta para el inversor es que el fideicomiso se asienta en una estructura legal que le da una seguridad jurídica que no tienen otras inversiones. Además, agrega que si cotiza en Bolsa tiene un mercado secundario, entonces el inversor no necesariamente tiene que quedarse, puede salir cuando quiere y el único costo de salida es el del mercado.

Pisos de rentabilidad

"Un detalle de nuestro producto es que el inversor ingresa a un fideicomiso donde Los Grobo es socio en el 50%, hay un compromiso con el resultado de la inversión", comenta el empresario. El fideicomiso Grobo II se lanza en marzo por US$ 12 millones, por dos años, para sembrar 45.000 hectáreas por año en el sur bonaerense y en Entre Ríos, y apunta a inversores institucionales y privados. Tiene como objetivo asegurar un piso de rentabilidad del 3% en dólares aunque el resultado final depende de la performance del proyecto en rendimiento y precios. Para el que finaliza este año, el Grobo I, de US$ 2,4 millones, que incluye 11.000 hectáreas en el sudeste bonaerense, se calcula una rentabilidad que rondará el 14 por ciento. En este caso invirtieron profesionales urbanos con montos desde 2000 hasta 200.000 dólares, y también productores que buscaron diversificar.

El fideicomiso no es sólo para grandes empresas, también sirve a emprendedores como Martín Ubierna, premio al mejor apicultor 2005 LA NACION-Banco Galicia, que con su empresa Faro Capital ya lleva organizados tres fideicomisos de colocación privada destinados a la producción y exportación de miel.

Para el primero reunió US$ 30.000 en 2003 e instaló 250 colmenas, y este año ya superó las 3000 en las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos. "Se toma el dinero de los inversores y con eso el fideicomiso compra las colmenas, las abejas, las herramientas, arrienda los campos y contrata a los apicultores", señala Ubierna. Faro Capital supervisa toda la operación y se ocupa de la comercialización que se exporta a Europa en su totalidad.

El emprendimiento ya reúne US$ 500.000 y el monto promedio de inversión supera los 25.000 dólares. Ubierna señala que la rentabilidad varía con la producción, pero que es mayor al 15 por ciento. "Ahora también estoy analizando un proyecto de un fideicomiso para producir nueces en Entre Ríos para exportar a EE.UU., donde hay un alto consumo", concluye.

Fuente: La Nación

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