Detectaron daños compatibles con mosca minadora en lotes de colza y carinata de Entre Ríos, mientras avanza la identificación molecular para confirmar la especie y conocer el alcance del problema.
La presencia generalizada de la mosca minadora/barrenadora en Uruguay encendió las alertas en la región. A partir de un relevamiento liderado por Eduardo Romani, del INTA Concepción del Uruguay, se registraron por primera vez daños compatibles con Phytomyza rufipes en lotes de colza y carinata en el departamento Uruguay, sobre la costa del Río Uruguay.
Si bien el análisis morfológico de las larvas y adultos es compatible con esta especie, la identificación molecular se encuentra actualmente en proceso para obtener la confirmación definitiva. Según el reporte de los especialistas, los primeros registros muestran daños principalmente en hojas basales, con presencia de galerías en nervaduras y pecíolos.
Cómo se produce el daño
La afectación comienza cuando los adultos oviponen en el mesófilo de las hojas. Luego, las larvas se alimentan en el interior de los tejidos, formando galerías que avanzan hacia la nervadura central y posteriormente pueden alcanzar los pecíolos, pudiendo llegar a barrenar los tallos.
Esta actividad genera decoloración y amarillamiento de las hojas, pérdida prematura de tejido foliar y un debilitamiento general de la planta. Además, el daño puede aumentar la vulnerabilidad del cultivo frente a las heladas durante las etapas tempranas. La gravedad del perjuicio está estrechamente relacionada con el momento en que ocurre la infestación: cuanto más joven es el cultivo, mayor es el impacto sobre el rendimiento.
La larva es blanquecina y el adulto, de muy pequeño tamaño -incluso menor que la chicharrita del maíz-, presenta la cabeza casi completamente amarilla. También se observan tonalidades amarillas en parte de las pleuras y en las patas.
Hasta el momento, la presencia de larvas y sintomatología asociada se observaron principalmente en lotes cercanos a la costa del Río Uruguay. Hacia el oeste de la provincia, en localidades como Sauce Luna, Villaguay, María Grande, la presión observada sería menor. También se registraron otros casos en el departamento Victoria, aunque con una incidencia notoriamente inferior.
Los lotes afectados relevados actualmente se encuentran en estadios avanzados, entre floración y desarrollo de silicuas, y los daños se concentran principalmente en hojas basales, con galerías/minado en la lámina, nervadura central y pecíolos, y barrenado externo.
La situación se encuentra bajo seguimiento, mientras se avanza con la identificación molecular. Contar con esta confirmación será clave para determinar con certeza la especie involucrada y mejorar el conocimiento sobre su distribución en la región.
Monitoreo, la principal herramienta
Tanto la colza como la carinata han ganado protagonismo en los esquemas de rotación invernal de la región, por su aporte a la diversificación y rentabilidad de los sistemas productivos. Por eso, la detección de una posible nueva problemática sanitaria plantea la necesidad de reforzar el seguimiento de los lotes desde las primeras etapas del cultivo.
Actualmente, no existen productos fitosanitarios registrados para el control de esta plaga en Argentina, ni umbrales de acción definidos. En este contexto, el monitoreo lote a lote y el correcto diagnóstico cobran especial importancia, particularmente durante la implantación y el período vegetativo temprano. Las altas precipitaciones suelen impactar negativamente en la población larval ya que afecta a la población de adultos. El seguimiento puede complementarse con trampas cromáticas adhesivas.
La detección de estos daños compatibles con Phytomyza rufipes representa un nuevo desafío técnico para la sanidad de estas Brasicáceas. Mientras se espera la confirmación molecular, el monitoreo temprano y el diagnóstico preciso serán claves para conocer el alcance del problema y anticiparse a posibles impactos sobre los cultivos.