El Niño volvió a encender las alarmas en el mundo. Luego de varios meses de rápido calentamiento de las aguas superficiales del océano Pacífico, especialistas internacionales confirmaron que el evento ya comenzó y que continuará intensificándose durante los próximos meses.
Para Argentina, donde gran parte de la producción agrícola depende del comportamiento de las lluvias, la aparición de un Niño fuerte podría representar una buena noticia luego de varios años atravesados por episodios de déficit hídrico. Sin embargo, los especialistas recomiendan cautela.
Un Niño intenso no garantiza automáticamente una campaña récord, ya que la distribución temporal de las precipitaciones será determinante y los excesos hídricos también pueden generar problemas productivos.
Los productores más vulnerables son aquellos que dependen exclusivamente de las precipitaciones y no cuentan con sistemas de riego. Además, las temperaturas superiores a lo normal pueden aumentar el estrés térmico y la demanda de agua durante etapas críticas del desarrollo de los cultivos. Investigadores remarcan que los eventos intensos permiten hacer proyecciones más confiables que los fenómenos débiles, aunque aclaran que ningún Niño es exactamente igual a otro.
Recomiendan seguir de cerca la evolución climática durante los próximos meses mediante pronósticos estacionales y datos agroclimáticos actualizados.
Según un informe especial elaborado por Crop Monitor, coordinado por la Universidad de Maryland DE Estados Unidos y con participación de organismos internacionales como NASA Harvest, la Comisión Europea y el Climate Hazards Center existe un 63% de probabilidades de que el evento alcance una intensidad "muy fuerte" durante su pico habitual entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
La noticia genera enorme expectativa en el sector agropecuario porque los eventos intensos de El Niño suelen modificar los patrones climáticos a nivel global y, en muchos casos, terminan alterando los rendimientos agrícolas.
El Niño es un fenómeno natural que ocurre cuando las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental registran temperaturas superiores a las normales.
Ese exceso de calor libera enormes cantidades de energía hacia la atmósfera y modifica la circulación global del clima, alterando los regímenes de lluvias y temperaturas en distintos continentes. Además, los científicos advierten que estos episodios suelen provocar un aumento temporario de la temperatura media del planeta. De hecho, durante el último gran evento, entre 2023 y 2024, las temperaturas globales alcanzaron niveles récord producto de la combinación entre el calentamiento de largo plazo, El Niño y otros factores atmosféricos. Numerosos episodios históricos coincidieron con algunos de los años más cálidos registrados en el mundo.