Argentina registra desde el inicio del proceso denominado "la avicultura industrial", en el año 1960, un sostenido crecimiento tanto en la producción como en el consumo de la carne aviar, como así también, en huevos. Este crecimiento ha tenido una gran importancia durante los últimos 20 años, aunque el proceso comenzó a gestarse en los 70.
La innovación organizacional a lo largo las décadas que siguieron, entre los distintos actores como productores de pollitos BB, engordadores y faenadores, y las integraciones verticales, fueron reduciendo considerablemente los costos de transacción.
Por otra parte, el sector empezó a incorporar mayor tecnología de procesos (reproducción, incubación y engorde) y de productos (faena y terminación del pollo). El ciclo de producción durante los \'90 se redujo de 60-70 días a 50, aunque algunas empresas logran mayor eficiencia. Además, se incrementó la capacidad de faena de las plantas frigoríficas, con inversiones en frío, logística y gestión de la calidad e inocuidad.
Se resume entonces que las grandes innovaciones en el sector aviar se dieron en el ambiente organizacional y tecnológico, con un proceso de integración y coordinación vertical que comenzó en la década del 70 y se fue profundizando en las siguientes. Esto le facilitó la incorporación de nueva tecnología y posibilitó comenzar a desarrollar procesos propios a lo largo de la cadena. El sector pasó de un diseño organizacional con altos costos de transacción y producción en los años 60 a un nuevo diseño de negocio de clase mundial (precio y calidad).
A partir de 2000, los procesadores avícolas, mediante la organización que los agrupa: Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), comenzaron a trabajar en los aspectos estratégicos a medio y largo plazo para el sector. Esta organización se encarga, entre otras cosas, de la difusión, información, seguimiento y contacto de los pollos argentinos y sus derivados en el país y en el mundo, liderando la coordinación del sistema.
Los procesadores avícolas, nucleados en CEPA, conforman una red de organizaciones con una visión sistémica y de largo plazo, donde cada una de las organizaciones que la conforman mantiene su autonomía más allá de la inter-dependencia generada con los otros nodos, con un ambicioso plan estratégico sectorial. Este plan les permitió aunar esfuerzos en la cadena y direccionarlos en objetivos comunes en la búsqueda de la competitividad sistémica más allá de los objetivos individuales de cada empresa.
Según datos de la Dirección de Mercados Agroalimentarios de la SAGPyA las exportaciones eran inexistentes durante los 80. Rondaron el 2% de la producción durante los 90 y, a partir de la devaluación, aumentaron considerablemente (en efecto, durante 2008 se vendieron al exterior 230 mil toneladas, es decir un 16% de la producción total). En los últimos 6 años la producción pasó de casi 600 mil toneladas a las 1,45 millones actuales. Actualmente, la producción de carne aviar representa la mitad de la producción de carne vacuna argentina. Los destinos más importantes de Argentina son Chile, Arabia Saudita, Sudáfrica, China y Alemania.
Como consecuencia de estas innovaciones, la faena se duplicó entre los 70 y la década de los 80. Durante la década de los 90 la faena se volvió a duplicar, reduciéndose durante la crisis de 2001 y 2002. A partir de ese momento la faena volvió a aumentar, llegando para la campaña 2009 a las 560 millones de cabezas.
Pero este aumento de la faena y la producción no hubiera sido tal si el valor de la carne aviar en la Argentina no hubiera experimentado una reducción de costos al consumidor durante la década del 90, y posicionarse como sustituto de la carne roja.
De esta forma, el consumo de carne de ave en la Argentina tuvo un aumento más que significativo, de casi 10 kg./hab./año durante los 70 y 80 a 18 kg./hab./año a principios de los 90 y 33 kg./hab./año durante 2009.
En el huevo, el consumo también sigue en ascenso. El registro anual es ahora de 225 huevos por año y per cápita.
Fuente: La Nueva Provincia