Como es sabido, el período primavera-estival se ha caracterizado por excesos hídricos en buena parte del territorio nacional en el marco de ocurrencia de una fase Niño, con registros que en muchas localidades superaron los 600 mm en apenas un par de meses.
Lo que en términos generales fueron condiciones favorables para cultivos de secano como maíz y soja, normalmente restringidos en sus potenciales de rendimiento por la ocurrencia de déficits hídricos durante los meses de verano, fueron lo contrario para el cultivo de arroz.
Con las necesidades hídricas resueltas por el riego, el arroz pasa a definir su potencial por los niveles de radiación solar existentes. Una cantidad excesiva de días nublados en febrero fue uno de los motivos principales que determinaron mermas en los rendimientos. Pero los problemas comenzaron temprano en la estación de crecimiento. Octubre es el mes óptimo para la siembra del cereal y, a raíz de los excesos hídricos ocurridos en esos momentos, 30% del área prevista no pudo sembrarse en dicho período.
Esta superficie tuvo que diferirse a noviembre e incluso a los primeros días de diciembre, lo que determinó iniciar estos cultivos con potenciales más restringidos. De manera adicional, con la floración en el mes de febrero en medio de muchos días nublados y lluviosos, la incidencia de una enfermedad llamada bruzzone afectó también los niveles de productividad. Este hongo, cuyo nombre es Pyricularia, es relativamente común en el cultivo, pero normalmente no tiene mayor incidencia en nuestro país.
En síntesis, finaliza una cosecha complicada en materia climática, que se traduce en mil kilos menos de arroz por hectárea, en términos promedio.
En la comparación anual es una merma importante (-15%), pero es necesario ver la tendencia general, que en nada modifica la continua mejora en los niveles de productividad que tiene el sector desde hace ya 50 años (ver gráfica).
Veníamos de tres años excepcionales en materia de rendimientos, con niveles de 8 mil kg/há que amplifican esta baja, pero la productividad de este año iguala al promedio de la década, que es de 7 mil kg/há, 25% más alta que en la década anterior y 42% más alta que en los 80.
Producción y exportaciones
Con un área de siembra que se ubica en 160 mil hectáreas, la producción llega a 1,1 millones de toneladas. Como la superficie es la misma que en la zafra pasada, los volúmenes obtenidos son 15% inferiores.
Es el séptimo año consecutivo en que la producción arrocera del país supera el millón de toneladas. La década finaliza con un promedio de 1,15 millones de toneladas, sin grandes variaciones y estabilizada en un rango que fue de 0,9 a 1,3 millones de toneladas. Pero lo que sí ha variado de manera importante es el valor de esta producción. El 2008 puso al arroz, como al resto de los commodities, en precios máximos nunca vistos. Luego vino la readecuación del mercado a esta situación extrema, pero con niveles de precios actuales bastante superiores a los históricos. Es así que el arroz, cereal que se exporta en 95% de lo que se produce, pasó de generar del entorno de los 200 millones a 450 millones de dólares en los últimos dos años.
Para esta zafra comercial que se inicia, esos montos podrán ajustarse un poco, ya que hay menos volumen y precios algo inferiores a los del año pasado, pero se mantendrán en un escalón superior a partir del nuevo nivel de precios existente.
El País