Un equipo técnico e institucional de Coopar realizó una visita técnica y comercial a la zona de Temuco, en el sur de Chile, donde recorrió una importante empresa dedicada al procesamiento de colza y establecimientos productivos de la región. El viaje permitió conocer de cerca otra realidad productiva e industrial y, fundamentalmente, avanzar en contactos tendientes a explorar nuevas alternativas de comercialización para la colza producida por asociados de la cooperativa.
La comitiva estuvo integrada por el gerente general, Marcelo Pagliaruzza; el consejero Einar Moleres; y el gerente comercial, Andrés Rosado, quienes durante su estadía pudieron interiorizarse sobre el proceso de industrialización de la colza, intercambiar experiencias con técnicos y productores chilenos y analizar las posibilidades que presenta ese mercado.
El vínculo surgió a partir de un intermediario argentino relacionado desde hace años con la producción de aceite de girasol en el sur del país, quien se encontraba buscando colza para una importante empresa chilena ubicada en la zona de Temuco.
Einar Moleres explicó que el interés llegó hasta Coopar a partir del posicionamiento alcanzado por la cooperativa dentro del mercado de la colza y de los antecedentes vinculados a la comercialización del cultivo.
“Se contactó con nosotros un argentino que venía con el encargo de una aceitera muy importante de Chile para conseguir puntualmente colza para la producción de aceite. Se había enterado de que éramos productores importantes y también conocía nuestra participación como proveedores de semilla de colza en Uruguay”, señaló Moleres.
A partir de ese contacto se coordinó el viaje a Temuco, que permitió conocer tanto el proceso industrial como la producción primaria de colza en el sur chileno.
Por su parte, Marcelo Pagliaruzza recordó que Coopar trabaja con este cultivo desde hace más de una década y ha mantenido una política sostenida para acompañar su desarrollo.
“Es un cultivo que venimos desarrollando desde aproximadamente 2011. La cooperativa siempre le dio impulso y nunca dejó de apoyarlo. Hoy la colza se ha fortalecido y ya estamos viendo demanda desde otros mercados”, destacó el gerente general.
La industria del salmón, detrás de una demanda creciente
Uno de los aspectos centrales para comprender el interés chileno está relacionado con el fuerte desarrollo de su industria salmonera y la consecuente necesidad de materias primas para la elaboración de alimentos balanceados.
Andrés Rosado explicó que la producción de salmón genera una demanda constante de alimentos que Chile no puede abastecer completamente con materias primas propias, razón por la cual sus empresas buscan proveedores en otros países.
En ese escenario, el aceite de colza tiene características especialmente valoradas para la alimentación de los salmones por su composición de ácidos grasos, particularmente omega-3 y omega-6.
“La industria del salmón se ha convertido en una actividad muy importante para Chile y no estamos frente a una demanda circunstancial. Necesitan importar materias primas y eso abre posibilidades para distintos proyectos”, explicó Rosado.
El gerente comercial señaló además que la empresa visitada procesa importantes volúmenes de colza y que una parte sustancial de su producción está orientada precisamente a abastecer a la industria de alimentos para salmones.
Durante la recorrida, los representantes de Coopar pudieron observar el proceso completo de industrialización y conocer establecimientos donde se produce colza bajo condiciones agroclimáticas muy diferentes a las de Entre Ríos.
Pagliaruzza destacó la posibilidad de recorrer tanto la planta industrial como campos experimentales y establecimientos de productores vinculados a la empresa.
“Estuvimos viendo todo el proceso, desde la parte primaria hasta la industrialización. También recorrimos un campo experimental y establecimientos de productores, donde se generó un intercambio muy interesante de conceptos productivos entre los profesionales”, indicó.
Las diferencias productivas también fueron uno de los aspectos que más llamaron la atención. Moleres explicó que en el sur chileno se utilizan híbridos invernales con ciclos que pueden extenderse alrededor de diez meses, desde la implantación en abril hasta la cosecha en febrero.
Los suelos profundos, un régimen de lluvias superior y una utilización intensiva de fertilizantes permiten alcanzar elevados niveles de producción. Al mismo tiempo, los productores realizan un manejo especialmente cuidadoso de las rotaciones y de la eficiencia en el uso de los insumos.
“Fue un aprendizaje muy importante respecto de cómo se produce en otro lugar y con otra idiosincrasia. Están muy concentrados en intensificar la producción y son muy responsables en el uso eficiente de los insumos y en las cuestiones ambientales”, resumió Moleres.
Más allá de las posibilidades comerciales que puedan surgir, Rosado remarcó que uno de los principales objetivos de COOPAR es ampliar permanentemente los canales disponibles para la colza y evitar que el productor dependa de pocos compradores.
“La búsqueda es para tener la mayor cantidad de opciones posibles que nos permitan darle respuesta a los productores. Lo considero una aproximación a un posible negocio; todavía no hay algo concreto, pero es una alternativa interesante”, sostuvo.
En ese sentido, contar con diferentes canales de comercialización no solamente puede aportar mayor previsibilidad al cultivo, sino que también permite evaluar a futuro proyectos de integración, ampliación del área productiva o inversiones vinculadas al tratamiento e industrialización del grano.
Las conversaciones comerciales continúan y desde Coopar mantienen cautela respecto de los próximos pasos.
Pagliaruzza señaló que las partes se encuentran en plenas tratativas y que una de las posibilidades es realizar inicialmente una prueba piloto con un volumen reducido.
“Todavía no está cerrada la comercialización. Seguramente podamos hacer una prueba piloto con un tonelaje chico, pero estamos en plena negociación”, explicó.
Rosado coincidió en la necesidad de avanzar progresivamente, especialmente teniendo en cuenta las distancias, el transporte, el cruce cordillerano, los pasos fronterizos, las aduanas y otros factores logísticos que deben ser evaluados antes de pensar en operaciones de mayor escala.
“La idea es hacer una prueba piloto con un número muy limitado de camiones para empezar a detectar costos, riesgos y cuestiones logísticas que hoy quizá no estamos viendo”, detalló.
El gerente comercial fue especialmente prudente respecto de las expectativas: “Son los primeros pasos de una relación auspiciosa, pero estamos recién comenzando y todavía no sabemos qué puede pasar”.
La visita a Chile representa así un nuevo paso dentro del trabajo que Coopar viene desarrollando para fortalecer la cadena de la colza, incorporar conocimientos y continuar buscando alternativas que permitan ampliar las posibilidades de comercialización para sus asociados.