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Cómo se desmontó la red que pedía coimas de U$S 20.000 a los buques de granos

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Aseguran que un aceitado mecanismo de corrupción funcionaba en las terminales portuarias del Gran Rosario con las habilitaciones y certificaciones del Senasa.

Aseguran que un aceitado mecanismo de corrupción funcionaba en las terminales portuarias del Gran Rosario con las habilitaciones y certificaciones del Senasa.

Cristian Cunha, director para la Región Centro del Senasa, estima que esta red de corrupción llegó captar $ 1.200 millones cada año

El sistema funcionaba así. Cuando un buque llegaba a algunos de los puertos de granos del Gran Rosario, desde los que se exporta el 80% de la cosecha argentina, al capitán o al armador del barco le pedían una coima de hasta 20.000 dólares para no demorarles las habilitaciones y certificaciones del Senasa.

En general, pagaban. Es que quedarse un día más en el puerto significa afrontar un costo logístico de 50.000 dólares. Lo que se inspecciona y habilita son las gigantescas bodegas de los buques de granos, que llegan a embarcar la carga de hasta 1.200 camiones.

“Era tan conocido el mecanismo, que hasta agosto de 2016 las terminales portuarias argentinas estaban consideradas entre las más corruptas del mundo por la Red Global de Anticorrupción Marítima”, le contó a CLARIN RURAL al Cristian Cunha, director para la Región Centro del Senasa.

La coima ya estaba implícita en los costos logísticos de las terminales argentinas. “De acuerdo a las directivas de presidencia y de la dirección del Senasa, desmantelamos el circuito y en el 2018 la Red Global de Anticorrupción Marítima reconoció los esfuerzos que estamos realizando y destacó que los puertos del Gran Rosario ya no figuran en la lista de las terminales corruptas”, indicó Cunha, que fue intimidado y amenazado.

“Llamaban a mi casa y les decían a mi mujer e hijas: \'dejen de joder\'. Una vez fuimos a un cumpleaños de 15 y luego recibí fotos que nos tomaron en familia, con más amenazas; así que está claro que nos vigilaban”, recordó el funcionario.

Por estos hechos, no hay empleados del Senasa detenidos ni causas judiciales -tampoco del sector privado, que formaba parte del circuito- pero si personal desplazado del organismo, aseguró Cunha.

Una de las dificultades era que los capitanes y armadores no denunciaban las coimas porque sabían que tenían que volver a estos mismos puertos a cargar soja, maíz y trigo, entre otros granos y subproductos.

Para el director de la Región Centro del Senasa haber resuelto este tema es central porque generaba “mucho ruido” internacional y aumentaba los costos logísticos que luego afrontaba toda la cadena agroindustrial.

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