Vitivinicultura. Se realizó una jornada regional en Victoria

Claves para el manejo de los viñedos en Entre Ríos

Actualidad
La actividad gana adeptos en la provincia. Hoy son más de cuarenta los que conforman la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER) y muchos los que quieren ingresar.

Por eso la capacitación es un tema central. En Victoria se habló de todo lo relacionado con la producción viñatera: la elección del lugar, los suelos, las plantas –variedades y portainjertos–, los sistemas de conducción y los manejos culturales.

Andrés Passadore es un ingeniero agrónomo montevideano, radicado en Paysandú, especialista en viñedos, y la última semana fue el disertante central de la Jornada Regional de Vitivinicultura que, con la organización de la Agencia de Extensión Rural (AER) Victoria del INTA, se desarrolló en la Sociedad Rural de aquella ciudad.

El profesional, ante una audiencia que superó largamente las expectativas de los organizadores –al punto que hubo que agregar sillas en el salón donde se desarrolló la reunión–, explicó en detalle todo lo relacionado con la producción viñatera: la elección del lugar, los suelos, las plantas –variedades y portainjertos–, los sistemas de conducción y los manejos culturales.

La planta. La vid es un cultivo perenne, con un costo elevado de inversión y que requiere un manejo especializado en recursos humanos, señaló Passadore, por lo que lo primero que se debe definir es si se va a hacer una producción para uva fresca o para vino.

La planta de vid consta de dos partes: la primera es la variedad y la segunda el portainjerto. “En esta zona debemos cultivar una planta con portainjerto debido a una plaga que existió a finales del siglo XIX, la filoxera, cuya única manera de evitar es usando portainjertos”, recomendó.

La experiencia de los vitivinicultores uruguayos, en este sentido, indica que la planta sin portainjerto “no prospera, se muere al cabo de cinco o seis años”, remarcó.

Para elegir el portainjerto, en tanto, hay que pensar en qué vigor le va a conferir a la variedad, qué tipo de suelo, qué fertilidad, qué tipo de producción se va a hacer, la resistencia a sequía o a exceso de agua, la adaptación a diferentes tipos de suelo, y, por último, la incompatibilidad que puede haber entre el protainjerto y la variedad, ya hay combinaciones que no se pueden utilizar.

Variedades. La primera gran elección, subrayó Passadore, es determinar si se hará uva de mesa o uva para vino.

Dentro de las variedades de uva de mesa lo importante es definir cuál será la estrategia de comercialización ya que existen variedades con diferentes fechas de maduración, desde mediados de diciembre a fines de abril. De acuerdo a esa estrategia de comercialización será la variedad elegida.

Si, en cambio, la decisión es vinificar habrá que preguntarse qué tipo de vino se quiere producir o cuál es la demanda del mercado y de las plantas elaboradoras. Hay diferentes épocas de maduración de las variedades, distintas aptitudes enológicas y variada resistencia a enfermedades.

En Entre Ríos, según Passadore, “andan muy bien el Tannat, el Merlot y el Cabernet Sauvignon, y en las variedades blancas el Chardonnay. Lo bueno sería probar otras variedades y ver el potencial”.

El sistema de conducción. Una vez elegidos el terreno y la variedad y determinada la superficie que se va a plantar debe definirse el sistema de conducción a utilizar, es decir el conjunto de las técnicas escogidas para el establecimiento de la viña y el control de su desarrollo posterior. Se trata de una elección clave porque el objetivo del sistema de conducción es optimizar la calidad de los racimos.

Como en las variedades, hay una cantidad enorme de sistemas de conducción. Tres son los más importantes: la lyra (el que se usa en los viñedos de Colón), la espaldera (muy desarrollado a nivel mundial) y el parral.

Para la elección del sistema de conducción “se debe tener en cuenta la densidad de plantación, el sistema de poda, el sistema de empalizada, cómo vamos a conducir el follaje y cómo vamos a hacer la conducción de la carga”, añadió Passadore.

No todos los sistemas de conducción, sin embargo, se adaptan a todas las zonas. Así, por ejemplo, el parral, muy utilizado en Mendoza, “lo desaconsejamos en nuestra zona porque es muy húmeda y la incidencia de las enfermedades es bastante alta, sobre todo botrytis”, precisó.

Los suelos. La viña es un cultivo de secano y cuando en los suelos la presencia de arcilla es importante, como sucede en buena parte de Entre Ríos, “hay que hacer un buen laboreo previo a la plantación para trata de desestructurarlos”, explicó Passadore.

También trabajar con camellones para “aumentar el volumen de suelo en la zona de las raíces y tratar de que el agua que sobre de las lluvias se vaya por escurrimiento superficial”.

En Uruguay, comentó, hay viñedos plantados en suelos con 60% de arcilla, muy pesados, “y nosotros tratamos de sacar el exceso de agua con la utilización de camellones y un buen escurrimiento superficial del agua”. Cada tanto, además, deben hacerse labranzas verticales para mejorar la penetración de agua en el horizonte, recomendó.

Ajustar la nutrición según el objetivo productivo fue otra de las sugerencias del profesional uruguayos a los vitivinicultores entrerrianos. “Si le aplicamos demasiada fertilización el viñedo tendrá un crecimiento vegetativo importante y eso va en detrimento de la calidad de la uva que es nuestro objetivo principal. Hay que buscar un equilibrio”, explicó.

Controlar malezas y enfermedades, igualmente, es importante y Passadore, en esta materia, recomendó adecuar el programa fitosanitario a las condiciones climáticas de cada año. Cinco son las enfermedades principales en nuestra zona: peronospora (la más extendida en esta región), excoriosis, antracnosis, oídio y botrytis.

La poda. Una práctica de manejo que se lleva a cabo en esta época del año, en el período de reposo de la vid, es la poda. Se realiza para establecer y mantener la planta en una determinada forma y tamaño y, además, facilitar las operaciones del cultivo con el objetivo de ajustar la calidad y cantidad de uva a producir. “Lo que hacemos con la poda es eliminar yemas para ajustar la cantidad de uvas a producir” precisó Passadore.

Vinos uruguayos, vinos entrerrianos

Para muchos argentinos los vinos uruguayos eran malos, una opinión que en los últimos años ha cambiado. Hasta 1985/86 Uruguay tenía una viticultura “de baja calidad y de gran producción por hectárea. A partir de esos años hubo una reconversión de la mayoría de los viñedos apuntando a variedades de calidad, buen manejo, y ahí se empezó a lograr la calidad que hoy tenemos”, explicó el ingeniero agrónomo Andrés Passadore.

El profesional radicado en Paysandú, por otra parte, definió al Tannat de Entre Ríos como un vino que tiene “una muy buena concentración, muy buena fruta, y al contrario del francés, se deja tomar en el año”. El Merlot es “más frutado” y el Cabernet Sauvignon “anda bien en la zona de Concordia, pero habrá que probarlo más al sur de la provincia”.

“Sabemos que los Malbec de Entre Ríos no son como los de Mendoza; no son mejores ni peores, son diferentes, pero siempre lo van a comparar con el mendocino”. Por eso, recomendó, “lo que tenemos que buscar para Entre Ríos es una variedad que sea diferente a las de las provincias andinas y que identifique a Entre Ríos. Puede ser el Tannat, el Merlot, o cruzamientos, por ejemplo, la Ekigaina o Arinarnoa”.

Fuente: El Diario - Danilo Lima

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