Desde hace quince años la lucha por las parcelas de tierra se ha ido incrementado debido a la agriculturización que se viene dando en la Argentina, fenómeno que ha ido in crescendo y se ha extendido a regiones consideradas otrora marginales para la siembra de granos y carnes.
El cultivo de granos, en particular de maíz, trigo, girasol y soja, propios de la región pampeana central, se expandió hacia las zonas perimetrales de esa región y también a regiones extrapampeanas, como el NEA y el NOA.
En pocas palabras, los commodities no sólo le quitaron terreno sino que no permitió que la actividad vacuna se desarrolle con eficiencia y productividad.
Según los especialistas, "esto era algo que se esperaba para dentro de 50 años, pero nunca se creyó que alcanzara esta magnitud".
Recuperación
Frente a esto es que los especialistas encontraron la solución a los problemas de salinización y sodificación de los suelos formados en condiciones naturales.
Básicamente se trata de regiones ques se caracterizan por poseer una red de drenaje escasamente desarrollada en función de sus bajas pendientes, lo cual determina que los excedentes de las precipitaciones sean evacuados con extrema lentitud hacia el océano, o directamente se eliminen por procesos de evapotranspiración de las plantas.
Sin embargo se pudo comprobar que con tiempo y buenas prácticas agrícolas, la recuperación de los suelos es posible. Un proceso que en condiciones normales puede llevar años y que "a veces no se logra". Hoy se puede hacer en doce meses.
Como se dijo al principio, entre las regiones con más posibilidades productivas están el Chaco semiárido, los bajos submeridionales (norte de Santa Fe), en este caso se ve perjudicado el 40% de los suelos, y por último, la zona deprimida de la cuenca del Salado (centro y este bonaerense) y el noroeste de la provincia de Buenos Aires.
Para el director del CIRN, Roberto Casas, el tema central pasa por sembrar cultivos tolerantes como el maíz de guinea o bien aprovechar la cobertura natural de especies vegetales nativas como la distichlis spicata para luego secarlas con herbicidas. Y a partir de ahí, hacer siembra directa de pasturas tolerantes como la grama rhodes, el agropiro alargado y el lotus, con el objetivo de cubrir con mayor densidad el suelo.
Es precisamente la cobertura lo que produce la disminución de la sal o, en su defecto, impedir que la misma suba. Ésa es la clave.
Productividad
Es así que el INTA difunde y pone a la mano el modelo y la tecnología que permitan que, en este caso, la ganadería pueda recuperar los campos perdidos.
En un principio se deberá optar por un pastoreo liviano. Éste permitirá producir entre 150 a 200 kilos por hectárea en campos donde antes no superaba los 50 kilos.
En la actualidad hay muchos grupos de productores que ya trabajan en un modelo apropiado a su zona. La idea es que el mismo se haga extensivo para lograr potenciar un sector que produce importante mano de obra, el agregado de valor y principalmente importante divisas a la Argentina.
El corrimiento de la frontera por la soja
La ganadería es el sector que más terreno cedió a manos de la soja. La superficie destinada a la producción de vacuno disminuyó el 80% de su superficie en la región pampeana. De los 12 millones de hectáreas que usa la ganadería, 8 millones son de la pampa gringa, que es donde se tiene el 66% del stock ganadero. El impacto de la oleaginosa se puede ver precisamente en el stock que en el 2000 era de 62% y hoy disminuyó en un 53 por ciento. En la región del NEA ascendió del 23 al 25 por ciento y, por último, en el NOA subió de 7,5 a 8,1 por ciento.
El problema es que los terneros llegaban desde el NEA y NOA, pero al no haber superficie para la recría se quedaron en el Norte.
Diario BAE