Bernardo Cané: “La Argentina debe producir más carne con calidad y sustentabilidad”

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Expresidente del SENASA. Actual presidente de la Mesa de Carnes Sustentable

El expresidente del SENASA y actual presidente de la Mesa Argentina de Carnes Sustentables (MASC), analiza el auge ganadero en Formosa, la apertura del mercado japonés y los desafíos sanitarios y productivos del país. “No alcanza con aumentar el stock, necesitamos mejorar la productividad y certificar cada corte argentino”, afirma.

¿Hace cuánto trabaja en Formosa?

—Unos 15, 17 años. Es increíble lo que ha cambiado la zona: infraestructura, inversiones, turismo. Hoy mismo estuve con el Grupo MSU, que está instalando un parque solar inmenso. Y el turismo crece: Lomitas recibe visitantes que llegan para conocer el Bañado La Estrella, una de las siete maravillas naturales de Argentina.

¿Qué atrae a los inversores?

—El suelo y el clima. En el centro-este de Formosa hay tierras de alta calidad, con lluvias similares al centro bonaerense. Son campos accesibles y productivos: con el valor de un ternero se puede comprar una hectárea desarrollada. Eso es un imán. Solo en el Grupo CREA, integrado por diez productores de punta, hay unas 10.000 hectáreas agrícolas. En las estaciones de servicio se ven sembradoras y cosechadoras: es un boom agrícola que potencia la ganadería. Formosa tiene suelo fértil, buen clima y lluvias de unos 900 milímetros concentradas entre octubre y marzo, con superficies amplias a precios convenientes.

Históricamente Formosa fue “fábrica de terneros”. ¿Sigue siendo así?

Sí, pero evolucionó. Hoy la cría y recría son más intensivas: de 20 hectáreas por vaca pasamos a una vaca por hectárea. Con el Gatton Panic, una gramínea perenne de origen africano ideal para climas cálidos, hubo un cambio fundamental. Ahora se producen terneros de 320 a 340 kilos para corrales. Es un salto enorme.

¿Qué busca la Mesa Argentina de Carne Sustentable?

—Certificar que la producción sea sustentable en lo ambiental, laboral y social. Trabajamos con INTA, UATRE, RENATRE y ONG internacionales. Queremos que cada corte argentino lleve un sello que garantice trazabilidad y sustentabilidad. La innovación está en la pata gremial: una visión social que incluye respeto por comunidades originarias, conservación del ambiente, uso responsable del agua y prohibición del trabajo infantil. Además, avanzamos en la medición de captura de carbono con una calculadora desarrollada junto a INTA. El objetivo es que cualquier restaurante o supermercado del mundo pueda acreditar que la carne argentina cumple estándares internacionales, con certificación de terceros independientes.

¿Qué significado tiene la apertura del mercado japonés?

—Es el mercado que faltaba. Aunque pequeño, exige calidad y trazabilidad. Argentina no compite en volumen, sino en carne premium. Con Estados Unidos logramos algo similar en 1995. Japón es muy particular y no sigue las reglas internacionales de sanidad, pero su exigencia marca un camino: certificar calidad, evitar antibióticos como promotores de crecimiento y cumplir estándares estrictos. Argentina debe escalar posiciones con carne de calidad, no competir en volumen con Brasil o India.

Trazabilidad obligatoria desde 2027. ¿Qué pronóstico tiene?

—Es indispensable. Así como un auto o un tractor tienen tarjeta azul, una vaca que vale una fortuna debe estar identificada. Hay que poder decir: este ternero nació en Paraná, se recrió en Pergamino, fue faenado en Salto y llegó a Dubái. Nadie lo discute. Argentina tardó 25 años en adoptarlo, pero finalmente estamos en el barco.

¿Cómo ve la distribución de la renta en la cadena cárnica?

—Es una pulseada permanente. El productor con animales certificados defiende mejor su precio. Hoy los términos de intercambio son históricos: en Formosa, con un ternero de 180 kilos se compra una hectárea desarrollada. Nunca ocurrió antes. Argentina no tiene la cantidad de animales que demanda el mercado, por eso los precios. Tenemos alto valor, pero necesitamos aumentar la producción.

¿Qué desafíos sanitarios observa?

—La garrapata preocupa en Entre Ríos. Y la desregulación de la vacunación contra la aftosa fue un error. Las fundaciones sanitarias no están preparadas. CRA maneja la mayoría, salvo Fucofa en Entre Ríos, que es sólida. Pero en general se tomó una decisión apresurada y dudo que se implemente bien.

¿Y el contexto económico?

—El campo tiene renta importante, la ganadería en particular. La agricultura mejoró precios y la energía explota: petróleo, litio, gas. Hay derrame en pueblos del interior, pero falta capacitación y trabajo registrado. Cuando se busca personal calificado en el campo, no se encuentra. Necesitamos más formación y empleo formal para sostener el crecimiento.

—Proyectos para 2027.

—Seguir desarrollando campos en Formosa bajo ley y recrear stock propio. Presentamos un proyecto de cambio de uso de suelo para ampliar producción y enviar animales a Lincoln para engorde. En la Mesa estamos entusiasmados con el vínculo con Renatre: buscamos certificar personal, garantizar condiciones dignas, trabajadores en blanco y capacitados. Eso asegura productividad y calidad en toda la cadena.

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