El Gobierno analiza medidas para evitar que el aumento de las exportaciones provoque escasez. La demanda externa quedó desabastecida por la aftosa en Brasil. La conducción económica convocó para hoy a los principales actores de la cadena de ganados y carnes para debatir una cuestión crucial: el temor a que se produzca un aumento del precio de la carne en el mercado interno. La fortaleza creciente de la demanda interna, y un panorama internacional absolutamente impensado unos meses atrás, meten presión sobre los precios. A pesar de las subas que se operaron en el mercado de Liniers, donde se subasta el ganado vivo, los valores de los cortes que llegan al consumo se mantuvieron bastante estables. Carlos Oliva Funes, titular del principal grupo frigorífico local, recordó que "le pedimos una reunión a Lavagna con una propuesta para evitar el aumento de la carne: mantener los valores de ciertos cortes, los populares, y es lo que hemos hecho desde agosto. El Gobierno lo sabe, lo ha comprobado. Seguir con este arreglo ayudaría mucho". El negocio funciona así: cuando más se exporta, capturando los buenos valores que ofrece el mercado internacional, se puede abastecer al mercado interno con cortes a menor precio. Por ejemplo, el asado, que no se exporta. Pero desde hace meses, Economía viene amenazando con restringir las exportaciones. El propio secretario de Agricultura, Miguel Campos, dijo unas cuantas veces que si la carne subía, aumentarían los derechos de exportación. Ahora hay en danza una nueva alternativa: el establecimiento de cupos de exportación. La industria frigorífica tiembla frente a esta posibilidad. Otro empresario de relieve, que prefirió el anonimato, dijo a Clarín: "Si hacen eso, se cae el acuerdo de setiembre, que funcionó perfectamente hasta ahora". El acuerdo al que se refiere es el de mantener los valores de los cortes populares, si se deja actuar a la exportación. Es parecido a lo que ocurre con la cadena del petróleo y los combustibles: las empresas pueden exportar aprovechando el diferencial cambiario entre el crudo y los refinados, subsidiando al consumo interno. Pero el negocio de la ganadería y la carne vacuna está mucho más atomizado y se asemeja a un mercado perfecto, con miles y miles de actores desde la cría hasta el supermercado. El nuevo elemento que mete presión en la caldera es la aparición de aftosa en Brasil. Hasta la semana pasada, era el mayor exportador de carne vacuna del mundo. Ahora, se le cerraron la mayor parte de los mercados. La demanda ahora insatisfecha recalará inevitablemente en los otros países exportadores, entre los que se encuentra la Argentina.