Un grupo de socios alquiló el galpón y la maquinaria de la empresa metalúrgica radicada en el área industrial. Hacía varios meses que sólo se efectuaban reparaciones menores y que no se fabricaban equipos nuevos. Ayudados por el prestigio que la marca tiene en el transporte de carga pretender recuperar la actividad.
La industria radicada por Froilán González a mediados de los 90 en el área industrial pasó a manos de la sociedad Pralong - Muga, (procedentes de la localidad de Galarza) por ahora en situación de alquiler pero con un posible acuerdo de venta en el futuro, tal cual lo admitió el Ingeniero Daniel Pralong, uno de los socios que se ha hecho cargo de la empresa, quien agregó que lo que sí ya han comprado son los derechos de propiedad de la marca Prati.
Por estos días están reorganizando la empresa, ordenando papeles, poniendo a punto las herramientas, trabajando en el marketing que incluye folletería, la puesta en vigencia de la página web y atendiendo a clientes puntuales por reparaciones. La apuesta es importante, Daniel estaba radicado en Rosario junto a su esposa y dejó todo para iniciar junto a sus cuñados -históricamente dedicados al transporte de cargas- esta nueva etapa.
Primero frenar la caída
Los niveles de actividad de la metalúrgica se encontraban en una curva descendente notoria y ya no se fabricaban equipos nuevos sino que solamente se hacían algunas reparaciones. “El objetivo es estabilizar esa caída y desde ahí empezar a recuperar el espacio perdido” reflexiona con medido optimismo Daniel. “Se dejó de producir y esto es un freno que hay que sacar para poder avanzar.
Queremos orientar el trabajo hacia la producción de equipos nuevos sin desatender las reparaciones, porque es parte del servicio” detalló. Para eso cuentan con algunas ventajas: Prati es una marca que conserva el prestigio dentro del mercado del transporte pesado. Basta que uno ponga en un buscador de internet “acoplados Prati” para que aparezcan decenas de ofertas de equipos, la mayoría con varios años de trabajo pero en buen estado, para tomar una idea. Además la marca está homologada y se ajusta a las normativa vigente, es decir, que una vez fabricados lo acoplados ya pueden circular y no tienen que pasar por la serie de trámites que requeriría un emprendimiento nuevo. “En ese sentido tenemos varios pasos ganados”. Añadió Pralong.
Las otras ventajas están dentro del galpón; tiene dos puentes grúas muy importantes en cuanto a su capacidad de trabajo y varias herramientas -plegadoras y cortadoras de chapas de hasta 8 milímetros- que no son fáciles de encontrar en la zona.
La capacidad instalada da para imaginarse 8 ó 10 personas ocupadas, pero antes deben quemarse varias etapas: reinstalar la marca, que la gente sepa que está de vuelta, comenzar a mover los engranajes de comercialización, primero con reparaciones y ojalá con la venta de los tres acoplados a medio terminar que están esperando dentro del tinglado. Todo eso lleva tiempo e inversión, sobre todo de dinero, por lo que los impulsos deben ser medidos y analizados a fondo. Ha quedado evidenciado en esta campaña agrícola, donde otra vez la logística ha sido insuficiente, que la demanda es más que potencial y ese es un aliciente extra, aunque las metas que se persiguen son más de mediano plazo.
Recursos
Pero quizá el mayor capital que impulsa la industria hacia nuevos y promisorios horizontes se encuentre en las ganas que claramente se aprecia en la empresa familiar que a tomado las riendas de Prati. Daniel Pralong es ingeniero electrónico, nació en Buenos Aires (aunque su padre es oriundo de Urdinarrain). Trabajaba en Rosario para Petrobras y como decíamos antes, dejó el empleo para generar su propio emprendimiento e inlcusive para radicarse en Larroque. Los Muga conocen los acoplados desde siempre ya que su padre fue camionero.
Los cuñados venían estudiando la idea de hacer algo en Galarza hasta que apareció esta oportunidad en Larroque. “Coincidió que González estaba con ganas de “jubilarse” y nosotros con deseos de meternos en esto” señaló Pralong “en una suerte de recambio generacional”. Dos operarios conforman la planta residual del personal que trabajaba a las órdenes de González y en el corto plazo los nuevos dueños se plantean el desafío de incorporar mano de obra especializada que para nada sobra en nuestra ciudad. Igualmente confían en que si no dan con personal calificado tratarán de formarlo en la práctica. Esa necesidad de recurso humano es la base mínima que se plantea la sociedad para poder aspirar a fabricar y reparar al mismo tiempo.
Fuente: Acción de Larroque