El conflicto

Alimentos sin retenciones

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En medio de la disputa, apareció en escena el debate sobre qué ocurriría con el valor de los productos básicos si no existieran los derechos de exportación; para ese escenario, especialistas consultados no vislumbran una drástica suba.

Desde hace más de cinco años, la administración Kirchner ha venido basándose en el incremento sucesivo de las retenciones a las exportaciones para asegurarse un importante ingreso fiscal y, además, desacoplar los valores internos de los internacionales con el fin de que la población pueda acceder a alimentos con precios más accesibles. Ha sido, con todo, una política más entre otras que ha implementado, y donde también figuran los acuerdos cerrados con los empresarios de la alimentación, las compensaciones a las industrias y los topes para la exportación. A juzgar por los especialistas, los efectos de las retenciones han sido parciales, ya que no se ha frenado la dinámica alcista de los alimentos en un mundo donde las materias primas también han registrado una estampida. En medio de la disputa por la última suba de las retenciones, el ex presidente Néstor Kirchner dijo que la carne llegaría a 60 pesos y que el pan costaría 15 pesos si no estuvieran los derechos de exportación. Con esas palabras Kirchner abrió el debate sobre qué ocurriría con los alimentos básicos si, efectivamente, no existieran las retenciones. ¿Qué ocurriría con la producción y los precios si el campo pudiera invertir parte de los US$ 11.386 millones que el Gobierno recaudaría este año por los derechos?

Hay vida más allá de las retenciones

Según el ex presidente Néstor Kirchner, sin estos impuestos la carne al público llegaría a 60 pesos y el pan costaría unos $ 15; expertos consultados por LA NACION lo desmienten; habría aumentos pero nunca en los niveles que planteó

Néstor Kirchner hizo sus propias cuentas y, como si todavía fuera presidente de la Nación, decretó: los productores "quieren que estas retenciones no existan" para que la carne llegue a $ 60 y el pan cueste 15 pesos. Fue el martes pasado, durante la conferencia de prensa que ofreció rodeado de gobernadores, ministros y sindicalistas.

Consciente o inconscientemente, Kirchner abrió una discusión: ¿qué ocurría efectivamente con los alimentos si no estuvieran las retenciones?, ¿los derechos de exportación son una herramienta correcta para que sectores de bajos recursos accedan a precios accesibles?

En principio, con un concepto distinto sobre cómo acercar los alimentos a las personas necesitadas, en los Estados Unidos el programa "Food Stamp" (cupones alimentarios) hace esto vía una tarjeta electrónica para adquirir ciertos productos. El programa llega a 26 millones de personas todos los meses con una inversión anual fiscal de US$ 28 mil millones. "Hay mecanismos más eficientes (que las retenciones) para quienes tienen necesidades", dijo Gustavo Oliverio, de la Fundación Producir Conservando.

Ahora bien, después de las palabras del ex presidente, LA NACION consultó a especialistas para conocer cuál sería el escenario sin retenciones. Todos reconocen un hecho concreto y cotidiano para el consumidor: pese a la política del Gobierno, los precios no han dejado de subir. En rigor, además de los aumentos en las materias primas, hubo subas en insumos, servicios y salarios. Sin retenciones, los precios podrían ser más altos, según el caso, pero no los que dijo Kirchner. Otra cosa también es cierta: el agro podría invertir en más producción parte de los US$ 11.386 millones que este año se van a ir al Gobierno por los derechos.

LA NACION preguntó en el Ministerio de Economía si existía un trabajo que avalara las palabras del ex presidente. El consejo fue hablar con la Secretaría de Agricultura, pero desde allí tampoco llegó ningún informe en ese sentido al cierre de esta edición. En Agricultura sólo dijeron: "Si no estuvieran las retenciones tampoco tendrían motivo las compensaciones".

Según el economista Jorge Ingaramo, si se eliminaran las retenciones las subas de precios en el mercado disponible serían 39,5% en trigo; 50,4% en maíz; 86,2% en soja y 70 por ciento en girasol. Radicado en Córdoba, Ingaramo realizó un ejercicio sobre el impacto que tendría en los precios al público la eliminación de los derechos. Para ello evaluó precios en esa provincia. "Para el pan, suponiendo un precio de $ 3 el kilo el más económico en Córdoba la harina representa el 39 por ciento del precio. La eliminación total de las retenciones lo subiría en 45 centavos, o sea, un 15%; valdría $ 3,45", ejemplificó.

Gustavo López, consultor de Agritrend, hizo otra cuenta. En este caso, consideró 750 pesos el valor pagado por los molinos, 16,3% la incidencia del trigo (no tomó la relación de Ingaramo) en el precio del pan y 5,5 pesos el valor al público. "Si el precio del pan llegara a 15 pesos, el valor del trigo, con igual proporción de 16,3%, debería ser de 2000 pesos la tonelada", subrayó. Derrumbó así la teoría de Kirchner. "Hoy el precio FOB sin retenciones es de aproximadamente US$ 370, 1147 pesos al tipo de cambio. Si éste fuese el precio interno, el pan alcanzaría 8,5 pesos el kilo", añadió.

Otras comparaciones

¿Y la carne? Veamos lo que dicen Ingaramo y el consultor Víctor Tonelli.

Con los derechos que varían según la presentación y el valor agregado industrial, Ingaramo buscó proyectar el aumento del precio sobre la base de un método que considera: a) el ponderado del valor de venta local que Agricultura publica para seis cortes, que fue $ 9,32 el kilo en mayo pasado; b) tomó como base la situación en febrero de 2006, cuando Kirchner no había cerrado las exportaciones y el FOB promedio se ubicaba en US$ 1513 por tonelada, además de que estaba en $ 2,12 el kilo vivo del novillo, c) el hecho de que, pese a las restricciones, en abril de 2007 el FOB había pasado a US$ 2263, d) 2,73 pesos para el kilo vivo en mayo último, según Agricultura. Así, considerando que los cortes ponderados fueron de 9,32 pesos en mayo y que el kilo vivo estuvo en 2,73 pesos, Ingaramo resumió: "Lo que ocurriría con los cortes debería ser proporcional a lo que sucedería en caso de una libertad total para exportar. O sea que el kilo vivo pasaría a $3,18 y el promedio de Agricultura a $ 10,83, 16% más que el valor actual. En el peor de los casos, la carne blanda podría llegar a $ 21/22 pesos y el asado, a 14 pesos".

Víctor Tonelli abordó la cuestión desde otro ángulo. Dice que con exportaciones y precios a mercado libre, los márgenes logrados por las diferencias obtenidas por los cortes del Rump & Loin (lomo, bife angosto sin hueso, cuadril y bife ancho sin hueso y sin tapa), que representan el 8% de la res y son los más caros, permitirían ofrecer al mercado interno el resto de los cortes a menor precio. "Mientras el kilo de media res se vende a salida de frigorífico a 7,50 pesos el kilo, el kilo de media res al que se sacaron los cortes de Rump & Loin se comercializa a 5,50 pesos", dijo. En estos cortes, el valor promedio pagado por el consumidor local es de 24,5 pesos el kilo, pero sube al doble con retenciones para la exportación no Hilton a la Unión Europea y el mismo se ubicaría un 145% (Rump & Loin) más si no hubiera derechos. "En la carne hay una relación directa (retenciones y precios sin ellas) con los productos que podés exportar", evaluó el economista Camilo Tiscornia.

Kirchner tiene razón en algo. En Uruguay, país que mencionó como ejemplo de lo que ocurría sin retenciones, algunos precios son más caros. Según M&S Consultores, mientras aquí el kilo de nalga vale 17 pesos, allí está en $ 23,1. El kilo de pan ronda los $ 8,3 en la otra orilla y 5,2 pesos aquí. Según constató LA NACION, casi no hay diferencias en la leche en sachet y el asado; son sólo 15 /20 centavos más caros en Uruguay. La estrategia es clara: exportar valor y tener precios para el consumo popular. Claro que en 2007 el ingreso de la población per cápita de Uruguay fue 566 dólares más alto que en la Argentina.

El posible efecto sobre la leche

Así como los especialistas consultados hicieron un ejercicio sobre cuál podría ser el escenario para el pan y la carne si no existieran las retenciones, un análisis similar también se ha hecho considerando la leche. En este caso, vale tener en cuenta como punto de partida que la regulación que ha implementado el Gobierno en el último tiempo se refiere a un precio de corte de exportación que en el caso de la leche en polvo es de 2770 dólares la tonelada, poco menos de la mitad del valor internacional.

Si bien en la Capital Federal la leche fluida en sachet para una primera marca ronda entre 1,77 y 1,85, según los supermercados, el economista Jorge Ingaramo hizo una comparación respecto del escenario sin retenciones sobre la base de un valor de 2,50 pesos el sachet en Córdoba. Supone que el costo para la industria es el 80% del precio que le paga al tambero, ya que el 20% restante se imputa a otros productos. O sea, según dijo, que la materia prima no cuesta más que 0,65 centavos, un 26% del precio de venta.

"Por regla de tres simple, si el precio interno fuera el internacional se duplicaría el valor de la materia prima, con lo que el sachet pasaría de 2,50 pesos a $ 3,15, un 26 por ciento de suba", dijo Ingaramo, que añadió: "Pero nadie está pidiendo el precio internacional pleno, y sí una suba del 30% en el precio de corte, o sea llevarlo a 3500 dólares la tonelada". Si este fuera el escenario, con un mejor valor para el precio de corte "el sachet pasaría a costar 2,70 pesos (en Córdoba), 8% más (que el valor actual)". Según Ingaramo, la suba sería menor en productos con mayor valor agregado.

Aunque desde la Secretaría de Agricultura dicen no tener un informe general sobre cuál sería el escenario sin retenciones, trascendió que allí manejan esta cuenta: para un precio de 1,25 pesos por litro al productor, el sachet de leche al público pasaría de un promedio de 1,80 a 2,50 pesos. "Esto suponiendo que el margen de comercialización minorista se mantiene en el nivel actual, que en leche fluida ronda el 25% sobre el precio de fábrica", explicó un técnico que conoce de cerca los números que maneja la cartera de Agricultura.

Fuente: Fernando Bertello - La Nación

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