Investigación conjunta

Al trigo le cuentan todas las espigas

Actualidad
De un cultivo casual a un cultivo causal, así es como se lo ve al trigo en la región centro-norte de Córdoba. Ante este panorama, se abren numerosas ventanas de innovación tecnológica.

Los resultados que se exponen a continuación se enmarcan en el convenio entre la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y la empresa Tecnocampo SA. Si bien el vínculo es abarcativo a la innovación y desarrollo de distintas especies vegetales de interés para la región, en esta oportunidad el objeto de análisis fue el comportamiento del trigo en la zona.

De un cultivo casual a un cultivo causal, así es como se lo ve al trigo en la región centro-norte de Córdoba. Ante este panorama, se abren numerosas ventanas de innovación tecnológica: cultivo antecesor, cantidad de agua útil acumulada y su uso, fertilización, fechas y densidades de siembra y elección de cultivares constituyen temas que merecen la atención.

Experiencia. Los resultados que se presentan en este informe surgen de una experiencia llevada a cabo en 2006 en un campo ubicado a 10 kilómetros al sur de la localidad de Monte Cristo. Se contó con dos lotes con distintos antecesores (soja y maíz). El agua útil a la siembra promedio para el lote de soja fue de 133,6 milímetros y hasta 160 centímetros de profundidad, mientras que totalizó 147,2 milímetros hasta los 160 centímetros en el lote proveniente de maíz.

Los análisis de suelo del lote de soja arrojaron 2,55 por ciento de materia orgánica (MO), 39,6 partes por millón de N-NO; una parte por millón de S-SO4 y 21,9 partes por millón de fósforo. Se sembraron tres genotipos de ciclo corto, uno experimental y los restantes comerciales.

Sobre antecesor soja se implantaron aproximadamente cuatro hectáreas de cada material y sobre antecesor maíz dos hectáreas por cada uno de los tres genotipos.

En ambos casos los materiales se implantaron uno a la par del otro. En el lote proveniente de soja se chorrearon, previo a la siembra y transversalmente al sentido de avance de ésta, 0,50 y 100 kilogramos de nitrógeno (Solmix) por hectárea en tres franjas de 25 metros de ancho cada una.

Sobre el lote que tuvo maíz, en tanto, se aplicaron 50 kilos de nitrógeno (Solmix) por hectárea como única dosis. La siembra se realizó el 22 de mayo del año pasado y se usaron dos densidades: 125 semillas (45 kilos de semilla/ha) y 250 (90 kilos de semilla/ha) por metro cuadrado.

Se utilizó una sembradora de grano fino Agrometal MX de 46 surcos distanciados a 21 centímetros. Sobre antecesor soja, cada genotipo fue cultivado de la siguiente manera: densidad normal (90 kilos/ha) con y sin fósforo y densidad baja (45 kilos/ha) con y sin fósforo. Con antecesor maíz, cada genotipo se cultivó tanto con densidad normal como baja (sin fertilización fosforada). Sobre ambos antecesores, se destinó una hectárea por cada tratamiento. Para la fertilización fosforada (15 kilos de P/ha) se usó súper fosfato triple.

Cosecha. La cosecha mecánica se realizó el 15 de noviembre de 2006 con una Case Extreme 2388 con monitor de rendimiento sobre las variables de genotipo, dosis de fósforo y densidad de siembra. Mediante muestreos manuales se estimaron rendimientos y sus principales componentes para las restantes combinaciones de tratamiento.

El monitor acusó, según material, valores de entre 2.774 y 1.724 kilos por hectárea sobre soja y entre 2.468 y 1.633 kilos por hectárea sobre maíz. En ambos antecesores, Baguette Premium 13 fue el genotipo con mayor rinde unitario. En cuanto al tipo de antecesor, se observaron diferencias de dos quintales por hectárea a favor de trigo sobre rastrojos de soja.

En tanto, la densidad de siembra baja brindó rendimientos ligeramente más altos. El mayor número de espigas por metro cuadrado logrado con la densidad de 250 semillas fue compensado con un mayor número de semillas por espiga cuando la densidad de siembra fue más baja (125 semillas), haciendo la salvedad de que el peso de la semilla se mantuvo constante en ambas condiciones.

Con respecto a la fertilización fosfatada, el genotipo con mejor comportamiento mostró un incremento del orden de los dos quintales respecto al testigo sin fertilizar; el número de espigas por metro cuadrado resultó ser el componente de rendimiento que mejor explicó esta diferencia, a pesar de una disminución en la cantidad de semillas por espigas y el peso de cada grano.

Los resultados de la fertilización nitrogenada, provenientes de los muestreos manuales, indican que la mayor respuesta (2,5 quintales por hectárea) le correspondió a la dosis de 50 kilos de nitrógeno. La combinación 50 kilos de nitrógeno y 15 kilos de fósforo por hectárea resultó agronómicamente superior al resto de los tratamientos, con una diferencia de cinco quintales por hectárea con respecto al testigo sin fertilización alguna.

Conclusión. A manera de conclusión, dejamos como inquietud la experimentación adaptativa sobre el tema antecesor al cultivo de trigo (soja resultó superior a maíz), densidad de siembra (habría que disminuirla) y fertilización fosforada (se encontró respuesta alrededor de las 22 partes por millón en el suelo).

La Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC agradeció la colaboración en este trabajo de los alumnos R. Argenti, L. Carraro, N. Casanova, V. Davidenco, J. Isaia y A. Masgrau. Contactos: extensión@agro.uncor.edu Secretaria de Extensión y Comunicaciones y rimaich@agro.uncor.edu.

Fuente: La Voz del Interior

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web