Eran las 16 en San Luis del Palmar, un poblado ubicado a unos 25 kilómetros de la capital de Corrientes. El sol abrasaba sus calles estrechas, en franco contraste con los campos circundantes. Campos interminables, tan interminables que a veces incluyen ríos, espesos montes, caseríos y hasta caminos. El campo en sí es una entidad tan inabarcable que sobrepasa y contiene en sus mismas entrañas historias y personas.
Luego de un largo camino, se llega a la casa de Cacho, que aparece con toalla sobre los hombros. El, que dice que su trabajo es "ayudar a la gente", sin saberse que significa eso, será la llave para llegar al secreto mejor escondido en la zona: el potrero de las vacas con aftosa.
Con su ayuda, se arriba a uno de los límites del establecimiento San Juan. De ahí, tras dos horas de caminata por pastizales de dos metros de alto, arroyos y un monte, se encuentra el "lote del pecado", a varios kilómetros de cualquier acceso, y al que sólo se puede llegar con las directivas de algún baquiano. A la vuelta de la excursión se escucha que el Senasa vigila la entrada en el campo. Está prohibido entrar, por razones de seguridad. Pero la extensión de los campos, atravesados por varios caminos públicos, hace difícil el control. Son demasiados kilómetros, demasiados potreros, demasiados árboles.
Este lugar, en el que todo es difícil de encontrar, es ideal para ser el escenario para perpetuar el crimen perfecto, que no es otro que la aparición del foco de aftosa, que tiene en vilo al país desde hace una semana y despierta varios interrogantes por resolver. El problema aquí es que, cualquiera haya sido el responsable en la novela en la que se convirtió el foco de aftosa, tiene todas las condiciones para salir impune de su delito.
La historia oficial sobre la reaparición de la enfermedad más temida por la cadena de ganados y carnes reza que, según un relevamiento del Senasa hecho en noviembre pasado, no había presencia del virus de aftosa en la provincia de Corrientes. Además, todo el ganado vacunado por la Fundación Correntina para la Sanidad Animal (Fucosa), y auditado por Senasa, entre el que supuestamente se encuentra el perteneciente a José Romero Brisco, había recibido tres vacunaciones, algo que asegura la inmunidad de la hacienda. O sea, la vacunación se hizo, de acuerdo a lo que certificó el Senasa.
El problema es que, en este cuadro, en el que se supone que no existe el virus en la provincia, y en el que el ganado está debidamente vacunado e inmunizado, no hay posibilidades de que aparezca la aftosa. En otras palabras: esta historia no cierra del todo.
Hay dos puntos de partida que explicarían el origen de la enfermedad. El primero de ellos parte de que el virus sí estaba presente en Corrientes. Si así hubiera sido, la responsabilidad recaería sobre el organismo sanitario nacional, que en noviembre dijo que no había peligro. El segundo punto implicaría suponer que el virus no estaba en la provincia, pero que vino con una partida de vacas contrabandeada. En este caso, la responsabilidad del foco recaería sobre el productor José Antonio Romero Brisco.
Para tratar de arribar a cuál fue el verdadero origen del problema, LA NACION entrevistó a una decena de productores locales, veterinarios y empleados del Senasa, que en muchos casos prestaron sus testimonios a condición de que sus nombres no fueran revelados.
Mas allá de que los entrevistados pertenecían a posiciones a veces antagónicas entre sí, todos estuvieron de acuerdo en dos puntos: primero, en algún lugar de la cadena por la que se maneja, transporta, controla y vacuna a la ganadería argentina hay una severa falla (ya sea culpa del productor o del ente sanitario). Segundo, detectar adónde está esa falla y remediarla, y encontrar y penalizar al responsable de la reaparición de la aftosa, depende hoy la credibilidad de todo el sistema ganadero argentino (que incluye productores, fundaciones y organismos sanitarios).
Falla en la vacunación
Cuando se le preguntó a José Buongiorno, veterinario de Romero Brisco, cuál podía ser el origen del foco, contestó: "Tenemos las pruebas de que nuestro ganado es legal y fue debidamente vacunado. El foco no apareció por culpa nuestra". Para Buongiorno y Romero Brisco, presidente de Jumajo, la firma dueña de San Juan, una explicación posible es que, en la vacunación realizada el pasado 1° de noviembre sobre el lote luego infectado, se cortó la cadena de frío.
Para ellos, eso se explicaría con el hecho de que ése fue el único lote vacunado ese día, y el único lote contagiado. "Los otros potreros, vacunados en los días subsiguientes, no se contagiaron", dijeron.
Pero eso fue refutado por Germán Dardo Esquivel, perito vacunador que intervino en esa vacunación. Esquivel aseguró que no tenía ninguna duda de que "la vacuna estaba bien, con el frío que corresponde". Aunque no pudo asegurar haber vacunado a la totalidad de los bovinos del establecimiento. "Yo vacuné todos los animales que me pusieron en el corral; la hacienda la juntaron ellos. Yo no vi cuál de la hacienda que vacuné saltó enferma", dijo a LA NACION.
Esta teoría es muy parecida a la misma que tienen varios productores correntinos consultados. Varios de ellos afirmaron que, en sus establecimientos, al menos una vez en los últimos años las vacunas se inyectaron mal, algo demostrado por la formación de pupos bajo el cuero de la vaca, que demostraban que la vacuna no entraba del todo. Uno de ellos dijo que tal irregularidad llegó a tal punto, que en una oportunidad todo su rodeo quedó mal vacunado, y él en persona tuvo que reclamar a las autoridades de la Fucosa una nueva inoculación.
"Hasta hace un tiempo, era común que los paratécnicos vacunaran a gran velocidad, contando cuántas vacas quedaban, sin masajear el lugar de la vacuna, la que en muy alto porcentaje se enquistaba bajo el cuero. En mi campo tengo gran cantidad de animales con el quiste. Esa vacuna no ingresa al torrente sanguíneo, y no forma anticuerpos", dijeron dos pequeños productores que tienen unos pocos de centenares de hectáreas en una zona cercana a la de los campos de los Romero Feris.
"Otro tema es lo que el productor declara y lo que efectivamente tiene. El paratécnico vacuna la hacienda que traen a la manga. Nunca vi que se efectúen las actas de vacunación con la copia de la declaración jurada de Rentas. Es común no declarar la totalidad del rodeo para ahorrar gastos", agregó uno de los entrevistados.
Los productores que contaron sus experiencias con las malas vacunaciones no descartan que una tradición de esta práctica pudiera ser la verdadera causa de que el foco haya saltado hace dos semanas, ya que las vacas no estaban efectivamente inmunizadas contra la enfermedad. Esta hipótesis puede ser reafirmada con el polémico historial que involucró a dos grupos dentro de la Fucosa en 2005 (ver título aparte).
"Si hubiera sido falla de la última vacunación, las vacas no se enferman, porque científicamente está demostrado que con un cierto número de vacunaciones en su haber las vacas resisten a la enfermedad. Ahora, si en varios años las vacunas se aplicaron de forma negligente y el Senasa no controló? ahí sí puede entenderse el contagio", comentó un productor y veterinario que tiene campos en Corrientes y Formosa y que conoce bien a todos los protagonistas de la nota. Hasta el cierre de esta edición, LA NACION no tuvo éxito en los intentos de contactar al presidente de la Fucosa, Oscar Otero Torres, para contrastar los dichos de los productores acerca de las inoculaciones.
¿Se ocultó el virus?
Para complicar más las cosas, la teoría de la mala vacunación presupone que el virus de la aftosa estaba en la zona. El problema es que a partir de esto invalidaría un relevamiento del Senasa que afirmó en noviembre que el virus no estaba en el lugar. La pregunta es. ¿cómo se contagiaron las vacas, si el Senasa dijo que no había virus en Corrientes?
"Lo que pasa es que el Senasa hace el relevamiento sobre un porcentaje, supuestamente representativo, del ganado local. No se toman muestras de todas las vacas de Corrientes.Y a eso se suma que hasta los seres humanos pueden alojar el virus hasta dos meses en sus propios cuerpos, sin demostrar manifestación alguna del mismo, y así pasárselo a los animales", explicó un veterinario correntino que se desempeña al frente de una empresa agroganadera nacional. "Lo importante es destacar que, con vacunación o sin vacunación, las vacas no autogeneran el virus", destacó otro productor.
Acá vuelven a aparecer Buongiorno y los peones del Establecimiento San Juan, que afirmaron que el origen del foco podría haber estado en algún campo vecino. También aseguraron a ver visto a terneros del potrero lindante al potrero infectado, pertenecientes al campo de Federico Hansen, con aftas en la boca. Testigos del primer rifle sanitario confirmaron esa versión.
En medio del culebrón, otras fuentes cercanas a los campos de Romero y Hansen indicaron que, en realidad, el vecino obligó a Buongiorno a denunciar el foco. Consultado sobre estos dichos, el vecino se limitó a afirmar: "No puedo decir nada. El Senasa es la autoridad para decir qué pasó". Los Romero, por su lado, contaron que fue Hansen el que los alertó primero a ellos, como un favor de buen vecino.
Como para reforzar la teoría de que el virus (y/o el foco) estaba de antes, Blas Ferrando, presidente de la Sociedad Rural de Mercedes, contó que el equipo de Enrique Arzuaga, coordinador provincial del Senasa, admitió en una reunión pública del organismo con la Fucosa que las llagas de los animales enfermos ya tenían dos meses de antigüedad. Estos dichos fueron confirmados por una fuente judicial que trabaja en contacto con Arzuaga. Aunque Arzuaga tuvo trato directo con esta cronista, la última vez que se lo consultó para contrastar esta información, Arzuaga se disculpó diciendo que había recibido órdenes desde Senasa Buenos Aires de no responder consultas de la prensa. En la sede nacional del Senasa no respondieron sobre este punto.
"Podrían haber confluido tres factores: que las vacunaciones fallaron, porque si no, no aparecería la enfermedad; que el Senasa no controló bien el proceso y que el virus apareció por ingreso ilegal o por contagio vía aire", resumió un productor, natural de Mercedes.
Lo destacable es que, sea cual sea la verdad, en todos los casos tendría que haber un responsable claro. Ya sea que la aftosa llegó por contrabando, o por el ocultamiento del virus y las malas vacunaciones, el culpable tiene nombre. Sólo resta saber quién es.
Por Mercedes Colombres
Enviada especial