Los ministros de Agricultura de las veinte economías más poderosas del planeta adoptaron ayer en París un plan de acción para luchar contra la volatilidad de los precios agrícolas y evitar futuras crisis alimentarias. “Hoy es un gran día, hemos llegado a un acuerdo histórico”, se felicitó el ministro de Agricultura francés, Bruno Le Maire, al término de la reunión.
Esta es la primera vez que la agricultura entra en la agenda del G20 que reúne a las economías desarrolladas y emergentes más poderosas del planeta, que representan el 77% de la producción mundial de cereales y el 80% del comercio mundial de productos agrícolas.
“La aplicación de este acuerdo es desde hoy. Espero que los efectos vengan lo más rápidamente posible”, dijo ayer un exultante Le Maire.
El plan de acción adoptado por los ministros, que cuenta con 26 páginas, tiene cinco pilares: mejorar la información y la transparencia de los mercados, una coordinación política internacional para evitar las crisis alimentarias, reducir los efectos de la volatilidad en los precios para los más vulnerables y regular los mercados financieros agrícolas.
Compromiso. Los ministros también se comprometieron a mejorar la producción y la productividad de este sector que deberá alimentar a 9.000 millones de personas en 2050, para lo que habrá que aumentar la producción actual un 70%, sin por ello talar más árboles. La situación es, si cabe, más urgente pues el problema de la seguridad alimentaria, tras las crisis de 2007 y 2008, no está resuelto, como lo demuestran la subida que han experimentado commodities como el trigo que ha pasado de 140 euros la tonelada en julio de 2010 a 280 euros en febrero pasado, para caer a 225 euros actualmente.
No obstante, para el ministro brasileño, Wagner Rossi, la volatilidad de los precios “compensa en parte lo que perdimos en el pasado” y sólo puede combatirse con el “aumento de la producción de alimentos”.
Por ello, está preparado para aumentarla. “Tenemos más de 120 millones de hectáreas de tierras degradadas que pueden y deber ser reincorporadas al proceso productivo y ambiental”, dijo el ministro Wagner Rossi en un comunicado.
Biocombustibles. Sin embargo, los temas espinosos, como los biocombustibles, elaborados con maíz o caña de azúcar, que son en buena parte causantes de la penuria y la carestía de los alimentos, como denuncian las ONG, han quedado fuera del acuerdo. “El asunto no está maduro”, dijo Le Maire, prefiriendo concentrarse en los puntos susceptibles de acuerdo para poder presentarlo a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del G20 en Cannes (Francia), en noviembre.
Sobre la transparencia de los stocks, punto delicado para India y China pues consideran que estas informaciones son estratégicas, el G20 se limitará a establecer un sistema de informaciones sobre los mercados, bautizado como AMIS, que estará bajo la égida de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Esta base de datos espera “alentar” a los países a “compartir sus datos” y mejorar los sistemas de información existentes de manera voluntaria. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, aseguró que este acuerdo no va a impedir las variaciones de los precios, pero éstas “serán más suaves”.
Su homólogo estadounidense, Tom Visack, también se congratuló por este “consenso”, que supone “una unión histórica” para combatir los desafíos crecientes del hambre y de la volatilidad de los precios de los alimentos”.
La Argentina promete aumentar 60% su producción en diez años
El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, aseguró ayer que la causa del hambre en el mundo no es la volatilidad de precios, sino “la pobreza e injusta distribución de la riqueza”. Fue durante la segunda jornada de la reunión del G-20 que se desarrolla en París.
Domínguez profundizó la postura de la Argentina en el marco de las relaciones multilaterales respecto al debate sobre la regulación de los precios de los commodities agrícolas.
En la reunión, Gran Bretaña propuso incorporar en el texto que las restricciones a las exportaciones de cereales son la causa de la volatilidad de los precios de los commodities.
“Nosotros planteamos que la causa del hambre del mundo es la pobreza y la injusta distribución de la riqueza. El hambre de 1.000 millones de habitantes del planeta se soluciona con más productividad y aspiramos a llegar a 160 millones de toneladas en la próxima década”, dijo en su discurso.
Domínguez afirmó que “los países del Mercosur a través de sus Direcciones de Estadísticas y Estimaciones, tenemos una estimación de cosecha que es un modelo de información única”.
Destacó además que la Argentina “creó un fondo de emergencia nacional agropecuaria que permite afrontar los cambios climáticos”.
“Y la ley de tierras la define como un recurso estratégico no renovable, progresivamente nos aleja de la especulación de los mercados financieros ajenos a los mercados agropecuarios”, expresó.
El titular de la cartera, en la reunión de ministros de Agricultura del G-20, afirmó que la “Argentina se comprometió a aportar en los próximos diez años en un 60 por ciento de su producción que es de 100 millones de toneladas, de manera sustentable, equilibrada, resguardando la biodiversidad”.