Según datos del Senasa, las exportaciones de carnes frescas de liebre, durante el primer semestre del 2005, sumaron 749 toneladas por un valor de 3.690.000 dólares, un aumento del 31% en divisas y del 20% en volumen con respecto a los envíos registrados en el mismo período de 2004, donde alcanzaron las 623 toneladas por 2.801.000 dólares. El negocio hace ingresar al país entre 20 y 30 millones de dólares anuales, depende de cómo venga la temporada y la demanda internacional.En lo que va del año, el principal destino para las carnes frescas de liebres fue Alemania con envíos por 379 toneladas y 1.742.000 dólares. También se registraron exportaciones a Holanda por 175 toneladas y 953.000 dólares, a Bélgica por 97 toneladas y 564.000 dólares, a Italia con 64 toneladas y 219.000 dólares y a Francia por 24 toneladas y 128.000 dólares, entre otros mercados.Los cortes exportados son: cuarto trasero, lomo, cuarto delantero, carne sin hueso y carcaza. Para este tipo de producto, los cortes salen envasados al vacío en bandejas recubiertas con polietileno y se transportan a —18øC en unidades de cartón identificadas con el logo del Senasa y de la Unión Europea, requisitos que se enmarcan en la norma comunitaria 92/45/CEE, que estipulan los países importadores del bloque para estas carnes.El Dr. Eduardo González Ruiz, es director ejecutivo de la Cámara Argentina de Productores y Procesadores de Productos de la Fauna Silvestre y sus Derivados. Asegura que "desde su introducción en 1888, en tres puntos de nuestro país, la liebre europea ha tenido un extraordinario desarrollo poblacional que la llevó a que, ya en 1907, debiera ser declarada plaga nacional. Hoy ocupa todo el territorio nacional continental e islas Malvinas. La aparición de la industria frigorífica de liebres en los 50, puso fin a la frustración en el control de sus poblaciones y permitió ahorrar importantes fondos públicos destinados a este control y, además, generó significativos ingresos al país"."Los productos elaborados por la industria frigorífica de liebres tienen hoy un significativo valor agregado que permanentemente se mejora a través de inversiones en incorporación de nuevas tecnologías, maquinarias y capacitación del personal", destacó González Ruiz. En sus inicios, la industria se limitaba a congelar las piezas capturadas, exportando los animales enteros y con piel. Paulatinamente se fueron implementando cambios y se logró la "lista cacerola", liebres evisceradas y sin piel y sus diferentes cortes con y sin hueso, que llevó al sector local a posicionarse fuerte en el mercado de la Unión Europea (UE).Haciendo númerosEl especialista también aprovechó a tirar algunos números: la industria procesadora de liebres consume 2,2 millones de Kw/hora de energía eléctrica, utiliza 500.000 cajas de cartón corrugado y 4 millones de bolsas de polietileno para envasar al vacío y demanda servicios de transporte de cargas para 12.750 toneladas por una distancia media de 500 kilómetros y fletes marítimos para 450 contenedores. Además, genera una demanda laboral del orden de las 3.500 personas en forma directa e indirecta y en áreas rurales de baja población y en una época del año en la que escasea el trabajo en el campo.Claro que el negocio no es lo que era. Aunque se notó un repunte en los últimos dos años, "el nivel actual de producción está entre los más bajos de las últimas tres décadas y varias plantas frigoríficas cerraron sus puertas. Resulta impostergable la adopción de medidas complementarias de estímulo a esta producción industrial, el acceso al crédito con tasas a valores internacionales, una reforma laboral y el control y contención del gasto público que contribuirá a la reducción de la presión fiscal, son medidas de macroeconomía que toda esta industria espera", subrayó González Ruiz.Entre cazadores, acopios y frigoríficos, se calcula que unas 8.000 personas obtienen ganancias de esta actividad durante la temporada de caza de liebres. Las piezas que consiguen los cazadores son entregadas enteras a los acopiadores que las almacenan en cámaras a 4øC por un día. Luego, se transportan al frigorífico para la faena. Cada acopiador cobra entre un 10 y un 15% de lo que paga el frigorífico. El peso mínimo de cada liebre ronda el 1,7 kilo y el peso promedio es de los 2,8 kilos. Por cada pieza entregada, el cazador cobra unos 12 pesos en promedio.